CIEN AÑOS DE LA VIDA DE CHICLANA
Amigo lector: Para todos aquellos que no pudieron tener en sus manos el libro "Las Memorias del Abuelo Chano", voy a facilitarle su lectura.
Introducción
El Abuelo Chano, nombre por el que popularmente se conoce a Sebastián Sanduvete-Salado Sánchez-Saucedo, que por ambas partes lleva apellidos de quienes dicen son los primeros pobladores de la Chiclana actual, constituye toda una institución en nuestro pueblo. Personaje entrañable, nacido con el siglo veinte, que demuestra todavía, a pesar de su longevidad y cuando éste ya nos ha dejado, una fuerza y vitalidad impropia de su siglo bien cumplido.
Sebastián hace una vida social intensa, pasea por las mañanas, visita a sus amigos del Hogar del Pensionista, (él, según nos comenta, no es muy proclive a “encerrarse” y que se lo den todo hecho, teme quedarse apocháo) y se da la vueltecita por el Instituto (Seguridad Social), ya que, aunque no es muy achacoso, trata de mantenerse en plenas facultades mentales y físicas. Raro es el día que no pasea por las calles de su pueblo. Por la tarde acude a la mayor cantidad de actos sociales que puede, ya que, como él dice, ahora los hay de todo tipo y para todos los gustos, a diario y de balde. Muchos de estos acontecimientos están relacionados con la publicación de algún libro y eso le ha dado una idea. ¿Podría yo contar mi vida, la vida de Chiclana, nuestras cosas, nuestra gente, el siglo que me ha tocado vivir?
Tardó poco en pensarlo, rápidamente se puso manos a la obra. Pero como su vista está, por decirlo suavemente, “algo can-sada” y lo poco que aprendió a leer y escribir, -según ha contado siempre, a causa de las escapatorias en el colegio y a que antes se empezaba a trabajar a los doce años- lo sacó de los recortes de periódicos y de algunos números sueltos de “La Semana”, “El Sablazo” y “El Trovador” que llegaban a sus manos; se ve obligado ahora a hacer un gran esfuerzo para “juntar las letras”, por lo que se encontró dando vueltas y más vueltas sin atreverse a meterle mano al tema en profundidad.
“La historia no es una ciencia, es un arte.
En sus aciertos interviene siempre la imaginación”
Anatole France.
Entonces el abuelo se preguntó: ¿por qué no me busco a alguien escribío y leío para contarle mis cosas y a ver si es capaz de poner en papeles lo que me vaya acordando, pues ya tengo la memoria mandá a componé? Y no se le ocurrió otra cosa que venir a buscarnos. A Paco lo conocía de su etapa en la radio, cuando se hizo popular en toda la Bahía de Cádiz. En Radio Chiclana su programa dominical ”Despierta”, permaneció más de cinco años consecutivos en antena. Más tarde fue solicitado por Radio La Isla y en Canal Sur estuvo una temporada participando en un programa de tertulia que se emitía cada sábado.
“¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”
Francisco de Quevedo.
Como decíamos, a Paco lo conocía muy bien ya que era su interlocutor y pasaron muchos años juntos ante el micrófono, a Tomás lo trató casi por la misma época, pues estuvo en aquellos primeros años como director de Radio Chiclana. Después dice que le ha seguido en algunos de sus asuntos. ¡Ya le habrá dado trabajo! En fin, que aquí nos tienen, presentándole, amigo lector, el quehacer de muchas horas de diálogo y distendida charla con una persona de amplia cultura y una memoria que, aunque diga que la tiene “mandá a componé”, más la quisiéramos para nosotros.
“Este del cabello cano,
como la piel del armiño,
juntó su candor de niño
con su experiencia de anciano”
Rubén Darío.
En este libro pretendemos e intentamos mostraros el último siglo desde la visión de un hombre que ni odia ni envidia a nadie, que ha vivido, opinado, defendido a los suyos, enfrentado al poder, y que sin embargo, carece de enemigos. Que trabajó en muchísi-mas profesiones: panadero, peón albañil, vendedor de helados; que primero fue ambulante y, más tarde, cuando adquirió suficiente experiencia, con el mismo carro pregonaba sus ricos helados apostado en la Alameda El Piojito. En las fiestas del Carmen, todos los años montaba en la calle principal de Sancti Petri una caseta, muy parecida a las que tienen los feriantes turroneros, repleta de mantecados helados, donde le ayudaba a vender su concuñado Luis. También trabajó varios años fuera de nuestra localidad y no era de los “privilegiados” que iban en bicicleta, él tenía que levantarse dos horas antes y desplazarse andando, cortando arduamente los angostos caminos a través de las salinas (también de chiquillo trabajó de “jormiguilla” en una salina). Cargaba, como todos los trabajadores, con el costo al hombro, poco peso ya que la vianda que antes portaban era muy escasa. Algunos días, cuando la cosa estaba bien, hasta se permitía el lujo de comer pan y carne membrillo. Después de una larga jornada de duro trabajo (porque antes sí que eran penosas la mayoría de las profesiones, por no decir todas) tenía que regresar a casa con su familia por el mismo sitio y de igual manera. Ni tuvo ni aprendió a montar en bicicleta.
“Vienen desde Chiclana y otros pueblos,
hombres en bicicleta a trabajar... ”
Los corrusquillos gaditanos.
Paco Alba.
También nos cuenta que fue ayudante de carnicero, pinche de cocina, que tuvo un puesto portátil de pan en la calle La Plaza y más tarde fijo frente a “El Barato” y, como la mayoría de los chiclaneros, fue juntando los reales que “le sobraban” para poder comprarse un campito. Por ende pasó de jornalero a mayesto, al convertirse en propietario de una aranzada de tierra. Pero no se conformó con labrarla con desvelo, con dedicar su vida a trajinar más trajinar, Sebastián no desperdiciaba el poco tiempo libre que le dejaban las excesivas y calurosas peonás de agosta, leyó todo lo que caía en sus manos, se preocupó, con entusiasmo, de enriquecer sus conocimientos y, según nuestra opinión, enriqueció cuerpo y alma.
Y de ahí salió el mítico e imperturbable abuelo con algo de filósofo, bastante de metafísico y mucho de pensador.
“Quiero mi honesta varonía
transmitir al hijo y al nieto,
renovar en la vara mía
el respeto” Valle Inclán.
Pero Chano era un mayesto chiclanero, con viña, borrico y serón, por lo que no podemos olvidarnos de Lucero, su burrito, del que tantas y tantas veces nos ha hablado a lo largo de este tiempo como si de su hijo se tratara, ya que, según nos decía, desde que se lo compró al carnicero “Paco Guerrita”, Lucero nunca se separó de él. Fue durante varios años su mejor compañero de fatigas.
“Lo dejo suelto y se va al prado.
Lo llamo dulcemente y viene a mí,
con un trotecillo alegre
que parece que se ríe...” Juan Ramón Jiménez
Y del borrico de su juventud, a la tecnología digital. El abuelo Chano ha ido echando más vida a los años que años a la vida. ¡Y eso que de los últimos ha vivido en abundancia! Cuando nació, faltaban más de veinte años para que la primera radio comercial hiciera su aparición y hoy cualquier colegial lleva un radiocasete portátil en la oreja y un teléfono móvil colgado de la cintura. ¡Los niños de ahora, como él dice, ni gatean! pasan de estar en brazos a salir corriendo.
La tecnología ha adelantado al abuelo que se siente más cercano a Greenpeace que a los cibernautas, sin saber muy bien quiénes son tanto unos como otros. Nació con el reinado de Alfonso XIII y ha vivido plenamente el de su nieto Juan Carlos. Ha visto pasar la monarquía, la república, la dictadura… ha conocido tiempos peores, tiempos mejores y tiempos asquerosos.
“Ascua encendida es el tesoro,
sombra que huye, la vanidad,
todo es mentira: la gloria, el oro.
Lo que yo adoro
sólo es verdad: ¡La Libertad!” Gustavo Adolfo Bécquer.
Por eso ahora, en el ocaso de su vida, la aventura de escribir este libro le mantiene ocupado todas las horas del día. Está tan ilusionado, que revisa punto por punto lo que vamos escri-biendo para que no se quede en el tintero nada de lo que nos ha contado y, a medida que se acuerda de algo más, tenemos que volvérselo a leer e indicarnos el lugar idóneo donde cree debe ser colocado. Aparece con legajos viejos, hojas amarillentas de periódicos, notas llenas de humedad y fotocopias de fotocopias indescifrables.
“... pero que todos sepan que no he muerto,
que hay un establo de oro en mis labios,
que soy el pequeño amigo del viento oeste,
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas...”
Federico García Lorca.
Insiste para que en la introducción pongamos uno de los muchos escritos que cada domingo leía ante los micrófonos de Radio Chiclana. ¡Qué remedio! Ahí va. Así le hablaba Chano a su pueblo:
“Me encuentro vinculado a ti desde mi nacimiento por lazos irrompibles de humanidad, a tu río, a tus colinas, a tu ermita, a toda La Banda, a todo El Lugar. A las calles donde fui creciendo y descubriendo poco a poco el corazón, el júbilo, la soledad y los sueños. Y es que mi pueblo es lo mismo que mi vida. Ya estaba cuando me asomé a él. Mis ojos y mi cuerpo se abrieron a su clima, a su cielo, a su pronunciación, a sus casas viejas y a sus portadas. Que seguirán estando cuando yo me haya ido. Yo soy lo que tú, Chiclana, quisiste que fuera. Humildemente desde aquí deseo vuestra compañía, no quiero estar sólo contenido entre mi sombrero y mis botas; quiero que nos unamos tanto en las desgracias como en las alegrías, compartir entre todos los senti-mientos de nuestro pueblo. Yo tengo interminable esperanza en el hombre, mi certeza en la igualdad esencial de todo ser humano, mi devoción por la solidaridad frente a lo injusto, porque cualquier acto realmente humano del hombre, es susceptible de hundirse en la noche o de ponerle un nombre nuevo a las estrellas. ¡Dios creó al hombre! Es de suponer que en su misericordia lo creara para hacerlo feliz”.
Así hablaba, así habla el abuelo Chano, así compartía con nosotros su pensamiento a través de las ondas. De vez en cuando hacía en la radio sus pinitos como rapsoda, recitando sus escritos como si se trataran de poemas.
“Yo siempre trabajo y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo”
Miguel de Cervantes.
Vehemente, habla como escribe, con convicción. De peque-ño, aprendía de sus mayores, era un zagal y jugaba con los muchachos, era muchacho y conversaba con los hombres, era todo un hombre y charlaba con los viejos, es viejo y habla como los niños. Siempre tuvo amigos de todas las edades. Y hoy, también lo es nuestro.
“Los amigos de importancia
que se precian de leales,
en los bienes y en los males
van a pérdida y ganancia”
Tirso de Molina.
Nosotros, después de un año pleno de reuniones y charlas, intentaremos poner en estas páginas las vivencias, anécdotas y la historia de un chiclanero muy especial. Si logramos llevar hasta ustedes la humanidad de este entrañable personaje, podrán ver desde otra óptica la vida del último siglo en Chiclana.
“Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza”
Calderón de la Barca.








