26.5.12

"Ya está aquí la Feria"



            Mi Padre, y mi madre con una prima.
        Mediados de los años cuarenta.

Los que vivían fuera del casco urbano, tenían que venir al pueblo,  -al menos una vez al año- para pagar el Diezmo. (del latín decimus, décimo), era un impuesto del diez por ciento de la producción que cada cual hubiese obtenido.

Hoy hablaríamos del IRPF (Impuesto Rendimiento Personas Físicas).
De ahí, que todos coincidían en el mes de junio. Llegaban para ponerse al corriente de sus impuestos –hoy declaración de las rentas- y de paso aprovechaban el viaje para intercambiar, comprar y/o vender animales. 

Así se creó nuestras antiguas ferias. Ferias que durante muchos años, fue solamente ganaderas.

Se celebraba en el Carrascal donde podíamos ver: Burros, potros, mulos, bueyes, etc. 
                   Felipe Sánchez con su novia Antonia Avila Carreño.
                                                                        El Carrascal.

A mediados del siglo XX se transformaría en una fiesta popular, y empiezan a montarse atracciones para los más pequeños, las cunitas y poco más, mercado de artesanías, tómbolas y charlatanes. He conocido la Feria de San Antonio en la Alameda, en Paciano del Barco, en los pisos del Carmen -Campo de Fútbol- y tras varios años en el recinto ferial de La Longuera se traslada a la nueva ubicación en el ferial de Las Albinas.


                                  Adelita López Fernández 
con su primo Paquito Montiel Fernández.
                       Puerta del Jardín de la Alameda donde más tarde montaban la caseta Municipal.
                                                      José Luis, Paquito, Rafaelín, Manolito.. 
                      Y como Salvadorín aún no no había nacido, colocamos a la muñeca en su lugar.

 
Paciano del Barco y Bda. El Carmen.


24.5.12

"El Guardia del Pájaro"


  

La policía municipal, los municipales como siempre les hemos llamado, han sido una de las instituciones destacadas de nuestro pueblo. Su vestimenta, la misma en invierno que en verano hasta los años setenta, la especie de salacot blanco con el que se cubrían y la relación que tuvieron con los ciudadanos, como parte del pueblo que eran, los diferenciaba de cualquier otra organización armada. 
  
El escaso salario, las largas jornadas y el poco reconocimiento social que tenían, hacía que a guardia sólo se metieran quienes no tenían otro camino.


Sin embargo, perseverantes, ahí estaban. Hiciera frío, calor, lloviera o venteara, siempre nos encontrábamos un municipal dirigiendo el tráfico en ese cruce tan conflictivo -entonces no había semáforos ni rotondas- en el que entroncaba la carretera de Medina con la de Cádiz-Málaga. En los días duros de invierno, aguantaba sin protección alguna, cuando en el verano apretaba el calor, el alquitrán se derretía bajo sus pies, por lo que tenía que estar subido en un cartón al que le echaba agua constantemente. Un año, por Navidad, Manolo Ordóñez, que tenía un bar al comienzo de la calle Ancha y que era concejal, cogió varias cajas vacías, alguna botella de licor, turrón y polvorones y lo puso todo alrededor del guardia. La gente, al verlo, empezó a traer aguinaldos. Me contó el guardia Nicolás Garrote Puerta –en que aparece en la fotografía- que un año hasta les llevaron un cordero, que tuvieron amarrado junto a los demás regalos. De esta manera, al igual que en muchos pueblos, comenzó una costumbre que duró varios años.